Hace unos días recibimos la llamada de EBRO. La marca iba a celebrar su primer ECO Rally EBRO y a mí personalmente estas cosas me llaman la atención porque no es la típica prueba en la que sales a correr y ya está.
Aquí todo va medido, todo cuenta, y lo que realmente se pone a prueba es tu capacidad para mantener un ritmo exacto mientras gestionas la energía como si no hubiera mañana. Bueno, a parte de esto también se pone a prueba la capacidad de navegación de los participantes, la capacidad de seguir instrucciones interpretar los hitos disponibles en el rutómetro.
El recorrido eran 132 kilómetros con un tiempo estimado de 1 hora y 54 minutos. Parece sencillo sobre el papel, pero cuando tienes que clavar medias, adaptarte a cambios de ritmo y no fallar en los controles secretos, la cosa se pone bastante más seria. No puedes relajarte ni un momento. Vas con el cronómetro en la cabeza todo el rato y la tablet con el Rabbit echando humo.
En nuestro caso, nos tocó participar con el EBRO s700 PHEV y aunque la estrategia empezó desde antes de arrancar, tan pronto como arrancamos nos dimos cuenta de que lo nuestro iba a ser intentar puntuar en la categoría de consumos. Salimos con un 71% de batería, algo que condiciona bastante cómo planteas la prueba. No se trata de gastar todo lo eléctrico al principio ni de guardarlo sin sentido, sino de encontrar el equilibrio perfecto durante todo el recorrido y cruzar los dedos para que el coche se comporte como debe y sea todo lo eficiente que el fabricante anuncia.
La clave estuvo en ser constantes. Nada de acelerones, nada de frenazos innecesarios. Todo lo más fluido posible, anticipando cada situación y dejando que el coche trabajara en su zona más eficiente. En este tipo de rally, la suavidad no es opcional, es obligatoria y nosotros le encontramos el punto clave al coche.
Al final mi compañero Diego Ávila y un servidor, completamos los 132 kilómetros habiendo gastado solo 1,28 litros de gasolina 95. Pero lo más interesante no es solo eso, sino cómo terminamos la prueba: con un 15% de batería.
Y aquí hay un punto importante del funcionamiento del coche. Cuando el sistema llega a ese 15%, entra en un modo de protección. A partir de ahí, el coche gestiona la energía de forma mucho más conservadora y ya no te permite utilizar la batería de manera libre como al inicio. Es decir, deja de ser un uso “a demanda” y pasa a priorizar la eficiencia y la autonomía, asegurando que siempre haya un margen disponible para funcionar en modo híbrido.
Eso cambia completamente la forma de conducir en la parte final. Ya no puedes decidir “ahora tiro de eléctrico” sin más. El coche toma más protagonismo en la gestión y tú tienes que adaptarte a cómo responde. Si no has hecho bien el trabajo antes, ahí lo pagas.
Por eso, llegar a ese 15% justo al final del recorrido no es casualidad. Es el resultado de haber gestionado bien cada tramo, cada cambio de media y cada momento en el que decidimos usar más parte eléctrica o más parte térmica.
En una prueba así, donde además tienes que cumplir con la regularidad y no puedes simplemente ir despacio para ahorrar, encontrar ese equilibrio es lo que marca la diferencia. No se trata de consumir poco sin más, sino de hacerlo mientras cumples con el cronómetro.
Al final, te das cuenta de que este tipo de rally no va de correr. Va de entender el coche, de anticiparte y de ser preciso. Y cuando consigues cerrar los 132 kilómetros, en tiempo, con ese consumo y con la batería justo en ese punto, sabes que todo ha encajado como debía.
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27 febrero, 2026
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