La primera vez al volante de un coche es un momento que se graba en la memoria. Sobre todo si es un deportivo. Sonja Petersen se encarga de proporcionar a sus alumnos esa experiencia tan emocionante. Esta profesora de autoescuela de Fagernes (Noruega) imparte sus clases en un Porsche Taycan 4 Cross Turismo.
Saliendo de Oslo, la capital de Noruega, y tomando la E16 en dirección a Bergen, la segunda ciudad más grande del país, se llega a Fagernes en unas tres horas. Esta pintoresca localidad de 2.000 habitantes se encuentra a orillas del lago Strondafjorden, enclavada en la región de Valdres, que destaca por sus numerosas áreas de senderismo y montañas ideales para el esquí. Un idílico lugar con un museo al aire libre, dos gasolineras y catorce puntos de carga rápida.

En Fagernes hay cuatro autoescuelas. La más reciente la abrió Sonja Øie Petersen en 2022. Tras 19 años dando clases de conducir como empleada, se independizó y creó la “Øie Trafikkskole”, un negocio que va viento en popa. Es probable que esto se deba principalmente al carácter agradable, tranquilo y nada ostentoso de Petersen.
“No solo quiero enseñar a mis alumnos a conducir, sino sobre todo inculcarles responsabilidad”, afirma. En el escaparate de la autoescuela cuelgan 87 pares de calcetines, porque el año pasado hubo 87 víctimas mortales en las carreteras de Noruega. Con su trabajo, Petersen quiere contribuir a que se haga realidad la “Nullvisjonen”, es decir, el objetivo de que en su país no haya ni una sola víctima mortal o herido grave en las carreteras. “Es una tarea enorme, pero estoy convencida de que es posible”, afirma Petersen.

Sus alumnos valoran mucho este enfoque, pero hay otro factor que también hace que el aprendizaje en la “Øie Trafikkskole” sea especialmente atractivo. Sonja Petersen da sus clases de conducir en un Taycan 4 Cross Turismo.
“Soñaba hace mucho con un Porsche”, afirma la noruega de 51 años, “y poco antes de cumplir los 50 descubrí este Taycan en color gris Volcano metalizado en una plataforma de Internet. Solo tenía 27.400 kilómetros. Era exactamente el coche que llevaba tanto tiempo esperando”. La oferta surgió mientras Petersen participaba en una conferencia de autoescuelas en Trondheim. En el camino de vuelta, se desvió a Oslo, donde estaba el Taycan, y compró el coche sin decirle nada a su marido Erik. “Está claro que fue amor a primera vista”, dice él hoy con una sonrisa, “lo mismo que pasó con Sonja y conmigo”.






















