Madrid 2026 — Este mes de mayo está siendo especialmente lluvioso y cambiante, una situación que obliga a extremar la precaución al volante. Circular sobre calzada mojada es uno de los escenarios más críticos para los conductores, principalmente por el riesgo de sufrir aquaplaning: en cuestión de segundos, se puede perder completamente el control del vehículo.
Para evitarlo, el neumático juega un papel decisivo, ya que debe ser capaz de evacuar el agua acumulada entre la cubierta y el asfalto. ¿Cómo lo consigue? Gracias a su banda de rodadura.

Una cuestión de milímetros
La banda de rodadura es la parte del neumático en contacto directo con el asfalto. Su diseño está específicamente desarrollado para evacuar agua y suciedad (como barro), garantizando así una correcta adherencia. Los surcos y canales permiten expulsar el agua hacia los lados, garantizando que el neumático mantenga el contacto con la carretera en todo momento.
Además, dependiendo del dibujo y del compuesto, el neumático ofrecerá un mejor rendimiento en determinadas condiciones: por ejemplo, los neumáticos All Season o de invierno son más eficaces en lluvia o nieve.
A medida que la banda de rodadura se desgasta, disminuye su capacidad de evacuar el agua, aumentando el riesgo de aquaplaning. Cuando esto ocurre, el neumático pierde contacto con el asfalto y el vehículo comienza a “flotar”, perdiendo tracción, dirección y capacidad de frenado.
No obstante, incluso con neumáticos en buen estado, el aquaplaning puede producirse en situaciones de acumulación excesiva de agua en la calzada —como balsas— o a velocidades elevadas, cuando el neumático no es capaz de evacuar el agua con suficiente rapidez.
Cómo prevenir el aquaplaning
Aunque no siempre es posible evitarlo, existen medidas que reducen significativamente el riesgo:
Neumáticos en buen estado: comprobar regularmente la profundidad del dibujo y el desgaste uniforme. Los indicadores de desgaste ayudan a conocer su estado.
Presión adecuada: una presión incorrecta reduce la capacidad de adherencia y evacuación del agua.
Reducir la velocidad: adaptarla a las condiciones de la vía y extremar la precaución al atravesar zonas con agua acumulada.
Conducción preventiva: prestar atención a zonas propensas a acumulación de agua y aumentar la distancia de seguridad.
Evitar maniobras bruscas: volantazos, frenazos o aceleraciones repentinas aumentan el riesgo de pérdida de control.
Evitar el control de velocidad: en superficies deslizantes es preferible controlar directamente el acelerador.






















