El Gobierno de España quiere coches eléctricos, o eso dicen. Porque a la hora de la verdad, cuando toca pasar por Hacienda, el mensaje cambia y es que la deducción del 15% en el IRPF por comprar un vehículo electrificado ha desaparecido. Y con ella, uno de los pocos incentivos que realmente entendía —y valoraba— el ciudadano.
Faconauto lo tiene claro y no se anda con rodeos, quitar este incentivo es pegarle un tiro en el pie a la electrificación. En un mercado todavía frágil, donde el comprador duda más que nunca, el IRPF era el empujón final. El “venga, ahora sí”. Y justo ese empujón es el que se ha retirado.
Lo irónico es que no hablamos de una ayuda exótica ni de ingeniería fiscal avanzada. La deducción funcionaba porque era simple: compras un coche electrificado y recuperas parte del esfuerzo en la declaración de la renta de año siguiente. Sin papeleos eternos, sin promesas a futuro. Un incentivo adulto para un problema real.
Ahora el escenario es otro. El cliente entra al concesionario, hace números, pregunta por ayudas… y sale con la misma cara con la que entró. O peor. Según Faconauto, ya hay operaciones congeladas y compras que directamente se han ido al cajón de “me lo pienso”. Y cuando el consumidor se va a casa a pensarlo, casi nunca vuelve.
Todo esto llega, además, con el Plan Auto+ todavía en el limbo. Anunciado, trabajado, prometido… pero no activado. Así que el sector se queda en tierra de nadie o lo que viene siendo, sin plan nuevo y sin deducción vieja. Un vacío perfecto para que la demanda de coche eléctrico se enfríe sin hacer ruido.
Desde la patronal avisan de que el problema no es ideológico, es práctico. Puedes hablar de electrificación, de transición verde y de objetivos 2030 todo lo que quieras, pero si al comprador le quitas el único incentivo fiscal claro y rápido que tenía, el mercado se encoge de hombros y se para. Así de simple.
España tiene un plan industrial, sí. El Plan Auto 2030, pero la electrificación no se hace en los despachos, se hace en las declaraciones de la renta. Y ahí, ahora mismo, el mensaje es otro: “si quieres eléctrico, págalo tú”.
El problema arranca con la caída del llamado decreto “ómnibus”, un texto que agrupaba varias medidas fiscales y económicas y que no logró el respaldo necesario en el Congreso de los Diputados. Al decaer el decreto en bloque, también cayó la deducción del 15% en el IRPF por la compra de vehículos electrificados, aunque no fuera el elemento central del debate político.
Faconauto pide recuperar la deducción del 15% en el IRPF y, sobre todo, dejar de jugar al ahora sí, ahora no. Porque el automóvil no funciona a golpe de decreto caído ni de parche fiscal. Funciona con reglas claras y algo de respeto por el bolsillo del ciudadano.
La conclusión es incómoda, pero evidente y es que el mayor freno al coche eléctrico en España no es la autonomía, ni los cargadores, ni el precio. Es Hacienda. Y eso, para un país que dice apostar por la electrificación, deja las cosas bastante claras.
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