Cada vez que alguien me dice que va a comprar un coche de segunda mano me echo a temblar y si es nuevo mucho más. En el caso del nuevo dejo que hagan lo que quieran porque por mucho que les digas, cada uno va siempre con su presupuesto cerrado y una idea clara. En el caso de ser de segunda mano, siempre suelo darle el mismo consejo y es que antes de mirar pantallas, tapicerías o carrocería, abre el capó.
No es que me guste mirar por debajo de las faldas pero es que hay truquitos que podemos seguir para evitar sorpresas y si nos los conocemos nos daremos cuenta de que los motores siempre dejan pistas cuando algo dentro empieza a no estar fino fino.
En el mercado de ocasión hay coches muy buenos, pero también hay auténticos marrones maquillados para vender rápido. No sólo podemos encontrarnos con kilometrajes afeitados o con accidentes mal reparados y ocultados. Un motor lavado, plásticos brillantes gracias a un hidratador y un ambientador fuerte con olor inlucos a nuevo (que lo hay) pueden crear una sensación de coche cuidado, pero eso no significa nada. Lo que realmente revela el estado del motor son sus fluidos.
Uno de los puntos que siempre reviso es el vaso de expansión del refrigerante. Es un depósito sencillo, normalmente de plástico translúcido, que muchos compradores ignoran por completo. Sin embargo, en mi experiencia es uno de los lugares donde las averías graves del motor se delatan con más facilidad.
He descartado coches en menos de treinta segundos simplemente mirando ese bote. Y en más de una ocasión eso me ha evitado comprar lo que, en términos mecánicos, no era un coche, sino una auténtica bomba de relojería con aspecto de coche bien cuidado.
El síntoma de la “mayonesa”: el aviso de problema de culata
Hay una señal que para mí es casi definitiva. Cuando aparece, dejo de analizar el coche porque el diagnóstico suele ser claro.
Con lo de la mayonesa me refiero a una pasta blanquecina o amarillenta que a veces aparece en el tapón del aceite o dentro del vaso de expansión. La textura recuerda bastante a la mayonesa, y no, no debe estar ahí.
Cuando veo esa mezcla sé que el aceite del motor y el refrigerante se están mezclando. Eso ocurre porque algún elemento que debería separar ambos circuitos ha fallado.
En la mayoría de casos el culpable es una junta de culata quemada. En situaciones más graves puede haber una fisura en la culata o incluso en el bloque del motor. En cualquier escenario la reparación implica abrir el motor, rectificar piezas y sustituir juntas.
Hoy en día, con los costes de mano de obra y piezas actuales, reparar algo así suele moverse entre los 1.500 y los 3.000 euros, y eso siendo optimista. En motores complejos o con más daños el presupuesto puede explotarte literalmente en la cara.
Los colores del anticongelante que cuentan la historia del coche
El estado del refrigerante dice mucho sobre cómo se ha mantenido un vehículo. No hace falta hacer análisis químicos; con observar el color y la textura se puede sacar bastante información.
Cuando el líquido tiene un tono marrón oscuro o aspecto de óxido, normalmente significa que el sistema ha estado funcionando con agua del grifo en lugar de anticongelante adecuado. El problema no es solo el color en sí, que también –a mi me genera toc-. El agua oxida y ese óxido se queda en el circuito, la bomba de agua, el radiador y muchas otras partes.
También me llama la atención cuando el líquido tiene un aspecto aceitoso o aparecen burbujas constantes con el motor en marcha. Ese fenómeno suele indicar que los gases de combustión están entrando en el sistema de refrigeración, algo típico cuando la junta de culata empieza a fallar.
Otra situación sospechosa aparece cuando el depósito contiene agua completamente transparente. Un circuito sano suele llevar anticongelante de color —rosa, verde o azul según el tipo—. Cuando veo agua clara muchas veces significa que alguien ha rellenado deprisa antes de enseñar el coche, probablemente para ocultar una fuga o un consumo de refrigerante, así que sí, si es transparente, haz como en el Señor se los Anillos “corred insensatos”.
La prueba de presión que hago siempre antes de conducir
Hay una comprobación muy simple que también suelo hacer incluso antes de probar el coche en carretera. No requiere herramientas ni conocimientos técnicos avanzados.
Con el motor completamente frío, presiono con la mano los manguitos gruesos de goma que van hacia el radiador. En condiciones normales deben sentirse blandos y flexibles, porque el sistema todavía no tiene presión.
Después arranco el motor y dejo que vaya cogiendo temperatura durante unos minutos. Cuando vuelvo a tocar esos manguitos, lo que busco es una sensación bastante concreta. Si el sistema está funcionando correctamente, estarán algo más firmes, pero todavía se podrán comprimir.
Si en cambio están duros como una piedra, suele haber exceso de presión dentro del circuito. En muchos casos eso ocurre porque los gases del motor están entrando en el sistema de refrigeración y claro, volvemos a los más que posibles problemas de culata.
Cosas que siempre observo cuando voy a ver un coche usado
Después de revisar el refrigerante suelo fijarme en otros detalles que también delatan problemas mecánicos. El humo del escape es uno de los más reveladores. Cuando aparece un tono azulado al arrancar, normalmente significa que el motor está quemando aceite, algo que suele estar relacionado con segmentos desgastados o con un turbo en mal estado. Por otro lado, un humo blanco denso y persistente suele indicar presencia de vapor de agua en la combustión, algo muy ligado a fallos de culata.
También presto atención a detalles de carrocería que muchos compradores pasan por alto. Los tornillos del capó con marcas de herramienta pueden indicar que esa zona ha sido desmontada después de un golpe fuerte.
Los neumáticos también cuentan su propia historia. Aunque tengan dibujo, cuando superan los cinco años de antigüedad su rendimiento empeora bastante.
Mirar las fechas de fabricación de los componentes en las etiquetas que encontramos en casi todas las piezas del vano motor puede ayudarnos a saber si ha pasado algo y comprobar detalles como la marca de la luna (por si son originales o han sido reemplazas), las ventanillas, los cristales de custodia o la luneta trasera pueden ayudarnos a hilar historias y es que si le preguntamos al vendedor y nos contesta con dudas, lo mejor es ser desconfiado.
13 marzo, 2026
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