Seamos claros desde el principio, el mercado está muy aburrido. SUV compactos clónicos, precios disparados y mecánicas que, salvo honrosas excepciones, no se la juegan lo más mínimo. Por eso, cuando aparece un coche como el OMODA 5 SHS-H, uno se sube con cierta desconfianza… pero también con curiosidad. Porque cuando alguien nuevo entra en la fiesta, o la lía o se la pega. Y este Omoda está mucho más cerca de lo primero que de lo segundo.
OMODA no es una marca que te suene de toda la vida, pero su matriz, Chery, lleva más coches vendidos de los que muchos fabricantes europeos querrían reconocer. Y aquí no vienen a hacer el ridículo, vienen a competir. El 5 SHS-H no es “otro SUV chino barato”, es un intento bastante serio de meterse en el jardín de Qashqai, T-Roc y compañía… pero con una receta diferente.
Diseño: o te encanta o lo odias, punto
El OMODA 5 no quiere pasar desapercibido. Y no lo hace. Su frontal es grande, afilado, con una parrilla que parece diseñada por alguien que se cansó de las parrillas aburridas. Las luces, la firma lumínica y el conjunto general tienen ese punto futurista que grita “mírame”.
¿Es bonito? Depende de a quién preguntes. ¿Tiene personalidad? Muchísima. Y en un segmento lleno de SUV que parecen fotocopias mal hechas, eso suma puntos.
El OMODA 5 SHS-H entra por los ojos, y eso es algo que no se puede negar ni aunque uno quiera ponerse tiquismiquis.
No intenta parecerse a un Volkswagen, ni a un Nissan, ni falta que le hace. Es un diseño muy trabajado, con personalidad propia, que transmite modernidad y cierto aire tecnológico. Los faros afilados, con firma lumínica LED bien definida, refuerzan esa sensación de coche “conceptual” llevado a producción, algo que suele funcionar muy bien a nivel comercial.
Visto de perfil, el OMODA 5 mantiene una línea claramente dinámica, con una silueta algo coupé marcada por el techo descendente y unos pasos de rueda generosos. Aquí es donde se empieza a entender por qué las plazas traseras no son su punto fuerte, pero también donde el coche gana en presencia visual. Las llantas llenan bien el paso de rueda y ayudan a que el conjunto no parezca un SUV barato, algo clave en este rango de precio.
La cintura alta y las superficies limpias aportan una imagen robusta, mientras que los detalles en contraste —molduras, pilares oscurecidos o embellecedores— buscan ese efecto “premium aspiracional” que tanto se demanda hoy en día. No es un coche pequeño, pero visualmente parece más ancho y asentado de lo que realmente es, algo que juega a su favor frente a rivales más conservadores como el Qashqai o el T-Roc.
En la parte trasera, OMODA vuelve a arriesgar. Los pilotos traseros, unidos visualmente por una franja luminosa, aportan anchura y modernidad, y el diseño del portón es limpio, casi minimalista. El paragolpes trasero, con difusor integrado y elementos decorativos, refuerza esa estética deportiva sin caer en lo exagerado. No intenta parecer más potente de lo que es, pero sí deja claro que no es un SUV anodino.
Un aspecto interesante es que, pese a su diseño rompedor, las proporciones están bien resueltas. No hay voladizos exagerados ni líneas forzadas que envejezcan mal a corto plazo. Es un coche que probablemente seguirá viéndose actual dentro de unos años, algo que no siempre se puede decir de los modelos que apuestan tan fuerte por lo visual.
Eso sí, no todo es perfecto. Algunos detalles, como ciertos plásticos exteriores o remates en zonas bajas, delatan que estamos ante un producto pensado para ser competitivo en precio. No son elementos especialmente cutres, pero sí recuerdan que este OMODA juega en una liga distinta a la de los SUV premium europeos. Aun así, el equilibrio general entre diseño, presencia y coste está muy bien logrado.
Interior: aparenta más de lo que cuesta (y eso ya es ganar)
El interior del OMODA 5 SHS-H es uno de esos habitáculos que ganan muchos puntos en el primer contacto. Abres la puerta, te sientas y la sensación inicial es claramente positiva: diseño moderno, dos pantallas bien integradas, líneas limpias y una presentación que, sinceramente, no parece la de un coche que juega en la franja de precio en la que lo hace. Hay un esfuerzo evidente por transmitir modernidad y cierta sofisticación, y eso es algo que el usuario medio va a valorar desde el primer minuto.
La posición de conducción es cómoda y relativamente elevada, como mandan los cánones del segmento SUV. El asiento del conductor tiene reglajes eléctricos de serie, algo poco habitual en este rango de precios, y permite encontrar una postura correcta con facilidad. El volante regula bien en altura y profundidad y, aunque el diseño achatado por la parte inferior es más estético que funcional, no molesta en conducción normal. En marcha, el conjunto resulta agradable y no genera fatiga en trayectos largos, lo cual siempre es una buena noticia.
El protagonismo visual se lo llevan las dos pantallas de 10,3 pulgadas, colocadas en formato panorámico. La del cuadro de instrumentos es clara, con buena resolución y diferentes vistas configurables, aunque el diseño gráfico no es especialmente brillante ni original. Cumple, informa bien y no distrae, que al final es lo importante. La pantalla central del sistema multimedia tiene un funcionamiento correcto en términos de fluidez, aunque los menús son algo básicos y transmiten esa sensación de sistema “genérico” que ya hemos visto en otros modelos de origen chino. No es mala, pero tampoco enamora.
En conectividad, Apple CarPlay y Android Auto funcionan correctamente, y eso es casi obligatorio hoy en día, pero se agradece que estén bien integrados y no den problemas. El sistema nativo de OMODA es usable, pero si eres mínimamente exigente acabarás usando siempre la duplicación del móvil. No ayuda que algunos iconos y transiciones recuerden más a un dispositivo aftermarket que a un sistema desarrollado por una gran marca con tradición.
Donde el OMODA 5 empieza a enseñar más claramente su enfoque de coste contenido es en los materiales. A simple vista parecen mejores de lo que realmente son, pero al tacto se confirma que prácticamente todo es plástico, incluso en zonas donde esperas algo más blando. No es un drama, porque los ajustes son correctos y no hay ruidos parásitos, pero está claro que aquí se ha priorizado la apariencia sobre la calidad percibida real. Además, algunos mandos y botones transmiten una sensación algo endeble, como si no fueran a envejecer especialmente bien.
El diseño del salpicadero, eso sí, está bien resuelto. Las salidas de aire horizontales a lo ancho, el volante de inspiración claramente alemana y la ausencia de excesiva botonera ayudan a crear un entorno limpio y moderno. Quizá demasiado, porque se echan en falta algunos mandos físicos para funciones básicas, especialmente para el climatizador, que obliga a interactuar con la pantalla más de lo deseable mientras conduces.
En cuanto a huecos portaobjetos, el OMODA 5 cumple sin alardes. Hay espacio suficiente en la consola central, un compartimento profundo entre los asientos, huecos correctos en las puertas y una superficie inclinada muy útil para dejar el móvil. Incluso existe la posibilidad de refrigerar el compartimento central, un detalle curioso y práctico. No es un coche especialmente brillante en este apartado, pero tampoco decepciona.
Las plazas traseras son, probablemente, uno de los puntos más flojos del interior. El diseño del techo, muy tendido, penaliza la altura disponible y genera una sensación de espacio más justo de lo que cabría esperar por tamaño exterior. El espacio para las piernas es correcto sin más, y la superficie acristalada trasera es pequeña, lo que resta luminosidad y puede generar cierta sensación de agobio en viajes largos. Para dos adultos vale, pero no es un referente del segmento ni mucho menos.
Maletero: justo, tirando a escaso
Con 372 litros, el maletero del OMODA 5 SHS-H cumple lo mínimo imprescindible. Es utilizable, tiene formas decentes y un pequeño doble fondo, pero se queda por debajo de casi todos sus rivales directos.
Para una familia con niños, carrito y trastos, tocará jugar al Tetris o abatir asientos antes de tiempo. No es un drama diario, pero hay que decirlo claro: no es su fuerte.
El sistema SHS-H del OMODA: aquí es donde OMODA saca pecho (y con razón)
Y ahora sí, lo bueno de verdad.
El Super Hybrid System (SHS-H) no es postureo. No es un mild hybrid maquillado ni un híbrido “porque toca”. Es un sistema bien pensado y, sobre todo, muy eléctrico en sensaciones.
La clave está en la transmisión DHT, con dos motores eléctricos: uno empuja y otro genera energía. Esto permite que el coche circule muchas veces como si fuera casi eléctrico, aunque la batería LFP “solo” tenga 1,83 kWh.
Pero ojo: no es tanto la capacidad como la potencia de descarga. Esos 85 kW instantáneos hacen que el coche responda rápido, con alegría y sin esfuerzo. Adelantar es fácil, incorporarse es fácil y moverte en ciudad es sorprendentemente suave.
El motor térmico 1.5T DHE es una pieza muy seria: ligero, eficiente y con una eficiencia térmica del 44,5%, que no es ninguna broma. Entre eso y la parte eléctrica, el conjunto entrega 224 CV, que para este segmento está muy bien.
Prestaciones y consumo: corre más de lo que parece… y gasta menos de lo que esperas
Sobre el papel, los 224 CV del sistema híbrido SHS-H del OMODA 5 ya pintan bien, pero lo interesante es cómo se entregan en el mundo real. No hay patada brusca ni sensación artificial de empuje, sino una respuesta muy progresiva y fácil de aprovechar. En arrancadas desde parado el motor eléctrico tiene mucho protagonismo y el coche sale con alegría, con un primer golpe de par que hace que el 0 a 100 km/h en 7,9 segundos resulte perfectamente creíble. En ciudad se siente ágil, rápido al incorporarse a rotondas o cruces y con una capacidad de reacción más que suficiente para el tráfico diario.
Donde realmente convence es en recuperaciones. Adelantar en carretera secundaria es sencillo y poco estresante: pisas, el sistema eléctrico entra con decisión, el motor térmico acompaña sin brusquedades y el coche gana velocidad con una solvencia que no es habitual en un SUV compacto de este precio. No es un deportivo, ni falta que hace, pero sí tiene ese punto de empuje que te da tranquilidad cuando necesitas respuesta inmediata. Además, el trabajo de la transmisión DHT está bastante bien afinado, sin tirones ni cambios extraños, algo que se agradece mucho frente a otros híbridos que todavía parecen estar “aprendiendo” a convivir con su propia tecnología.
En cuanto al consumo, aquí es donde el OMODA 5 SHS-H saca pecho de verdad. En uso real, combinando ciudad, carretera y algo de autopista, es fácil moverse en cifras cercanas a los 5,5–6,0 l/100 km, muy en línea con los 5,3 l/100 km WLTP homologados. En entornos urbanos, si conduces con un mínimo de cabeza y aprovechas bien la inercia y la regeneración, el sistema eléctrico trabaja mucho más de lo que uno espera para una batería tan pequeña, reduciendo notablemente el uso del motor de gasolina. No es raro ver consumos por debajo de los 5 litros en trayectos tranquilos.
En autopista, como es lógico, el consumo sube, pero nunca se dispara. A ritmos legales mantiene cifras muy razonables, y aquí se nota que el motor térmico está bien optimizado y que la aerodinámica no juega en su contra. No estamos ante un híbrido milagroso, pero sí ante uno muy bien equilibrado entre prestaciones y eficiencia, algo especialmente meritorio teniendo en cuenta su potencia y tamaño.
Dinámica: correcto, sin chispas
En marcha, el OMODA 5 SHS-H deja muy claro cuál es su filosofía desde el primer kilómetro: confort por delante de todo. No es un coche que te pida atacar una carretera de curvas ni buscarle las cosquillas al chasis, y tampoco lo pretende. La suspensión tiene un tarado claramente blando, pensado para filtrar bien baches, juntas de dilatación y asfaltos rotos, algo que en el día a día se agradece muchísimo, sobre todo en ciudad y en carreteras secundarias mal mantenidas. En autopista se muestra estable, aplomado y sorprendentemente silencioso para lo que cuesta, con un rodar bastante más maduro de lo que uno podría esperar al ver el logo por primera vez.
Ahora bien, cuando el ritmo sube y llegan las curvas enlazadas, aparecen las inercias. El coche balancea, la carrocería se mueve más de la cuenta y la dirección, aunque correcta en precisión, no transmite demasiado. No es imprecisa ni nerviosa, pero tampoco comunica lo que pasa bajo las ruedas delanteras, lo que invita a una conducción más relajada. El peso del conjunto híbrido se deja notar en apoyos rápidos y cambios de dirección, y ahí el OMODA te recuerda que está pensado para ir cómodo, no para divertirte.
Dicho esto, hay que reconocerle algo importante: todo ocurre de forma noble y predecible. No hay reacciones raras, ni sustos, ni comportamientos extraños cuando fuerzas un poco más de la cuenta. Simplemente te dice “hasta aquí” y te invita a levantar el pie. En ese contexto, el sistema híbrido ayuda mucho, porque la entrega de potencia es suave, lineal y muy fácil de dosificar, algo que hace que el coche sea agradable incluso en tramos urbanos o interurbanos con tráfico denso.
En resumen, el OMODA 5 SHS-H no emociona al volante, pero tampoco lo pretende. Es un coche pensado para viajar cómodo, para el uso diario, para hacer kilómetros sin cansarte y sin sobresaltos. Y siendo honestos, en este segmento y por este precio, esa decisión es más inteligente de lo que parece.
¿Me lo compraría?
Te voy a ser honesto: me gusta más de lo que esperaba. Mucho más.
El OMODA 5 SHS-H no es perfecto. Tiene fallos claros: maletero justo, plazas traseras mejorables y una dinámica que no enamora. Pero también tiene cosas muy buenas como un sistema híbrido trabajado, buenas prestaciones, consumo contenido y un precio que no se ha ido completamente de madre.
No va a destronar a los reyes del segmento, pero sí les obliga a mirar por el retrovisor y a estar atentos. Y eso, viniendo de una marca nueva, tiene mérito.
Si buscas algo diferente, tecnológico, con etiqueta ECO y sin pagar el sobreprecio habitual de las marcas de siempre, este OMODA merece estar en tu lista. Aunque solo sea para romper prejuicios.
7.2
El OMODA 5 SHS-H llega como una alternativa híbrida diferente y muy agresiva en precio dentro del segmento SUV compacto. Combina un sistema híbrido de última generación con 224 CV que ofrece buenas prestaciones y consumos contenidos. Su diseño exterior es llamativo y busca claramente diferenciarse de los rivales europeos y japoneses. El interior sorprende por equipamiento y tecnología, aunque algunos materiales y ajustes dejan margen de mejora. En conducción es cómodo y solvente, con un enfoque claramente práctico más que deportivo.
Lo bueno
Sistema híbrido muy bien resuelto: El Super Hybrid System funciona con mucha más presencia eléctrica de lo habitual en un HEV, es suave, eficiente y responde con ganas cuando se le exige.
Prestaciones sorprendentes para su planteamiento: Los 224 CV combinados se notan: acelera con decisión, adelanta sin esfuerzo y no da sensación de coche “justito” en ningún escenario.
Diseño exterior diferente y reconocible: No es otro SUV clónico más. Tiene personalidad, se distingue fácilmente y transmite modernidad y tecnología desde fuera.
Relación precio–tecnología muy competitiva: Por lo que cuesta, ofrece un nivel técnico (motor híbrido, transmisión DHT, batería, etiqueta ECO) que muchos rivales no igualan sin subir bastante el precio. y menos cuando es etiqueta ECO.
Garantía de la batería de 8 años o 160.000 km.
Lo mejorable
Plazas traseras algo justas: El diseño manda, y eso penaliza espacio para piernas y cabeza en la segunda fila frente a rivales directos.
La puesta a punto de suspensión y dirección no termina de estar al nivel del sistema híbrido: se nota margen de mejora en confort y precisión.
Maletero correcto, pero no brillante: Cumple para el día a día, pero está por debajo de lo que cabría esperar por tamaño exterior y frente a competidores clave.
Calidad percibida irregular en el interior: El diseño está bien, pero algunos plásticos y detalles delatan que es un producto muy ajustado a precio.
Marca aún por consolidar en Europa: El producto es interesante, pero todavía pesa la incertidumbre sobre imagen de marca, red comercial y valor residual a largo plazo.
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