Hay pocas cosas que unan tanto a los conductores como el fastidio que provoca el start-stop. Ese momento en el que paras en un semáforo, el motor se apaga… y al soltar el freno vuelve a la vida. Para algunos es eficiencia; para otros, una tortura diaria. Ahora, en EE. UU., puede que tenga los días contados y yo personalmente, me alegro.
La Agencia de Protección Ambiental (EPA) ha anunciado un cambio de rumbo que apunta directamente a este sistema. La clave no es una prohibición directa, sino la eliminación de los incentivos que lo hicieron omnipresente. Y eso, en la práctica, puede marcar el principio del fin.
¿Qué ha pasado exactamente?
El administrador de la EPA, Lee Zeldin, ha comunicado la derogación del llamado Endangerment Finding de 2009, una base regulatoria de la era Obama que permitió desarrollar normas sobre emisiones de gases de efecto invernadero. Con ella caen también los estándares asociados y, lo más relevante aquí, los llamados “créditos off-cycle”.
Estos créditos recompensaban a los fabricantes por incorporar tecnologías que reducían consumo y emisiones en situaciones reales, como el tráfico urbano. El start-stop era una de esas soluciones estrella. Sin esos incentivos, montar el sistema deja de tener sentido económico para muchas marcas ya que hablamos de alternadores reforzados, motores de arranque reforzados y baterías reforzadas que elevaban ligeramente el precio de los coches además de producir averías a medio plazo.
Zeldin no ha sido precisamente neutral en el tema: lleva tiempo diciendo que es una tecnología que “todo el mundo odia”. La nueva política encaja con esa visión y con un enfoque más amplio de desregulación.
¿Por qué el start-stop está en todos los coches?
Aunque muchos piensan que era obligatorio, en realidad nunca lo fue. Los fabricantes lo adoptaron masivamente porque ayudaba a mejorar las cifras de consumo homologado y a cumplir con los objetivos de emisiones. Era una forma relativamente barata de rascar unos puntos sin rediseñar motores.
Y funciona. En condiciones reales, puede reducir el consumo alrededor de un 5 %, e incluso acercarse al 10 % en ciudad. Eso se traduce en menos combustible quemado y menos CO₂.
El problema: la experiencia de uso
Técnicamente tiene sentido, pero en el día a día mucha gente lo detesta. Los ingenieros responden que los componentes necesarios están reforzados para soportar ciclos adicionales de arranque y parada pero la percepción de la gente siempre es la misma, es otra cosa que se puede romper.
Y luego está el detalle que realmente enciende a muchos, aunque casi todos los coches permiten desactivar el sistema, hay que hacerlo cada vez que arrancas –a no ser que tu coche sea de esos que deja reprogramar la función del sistema-.
¿Desaparecerá de verdad?
Quieto parado, esto no va a ser tan rápido. Aunque la EPA retire los incentivos, eso no obliga a las marcas a eliminar el sistema. Personalmente creo que lo primero será la eliminación de algunos modelos clave del mercado norteamericano, aunque con la electrificación, este sistema ha perdido bastante peso. No creo que desaparezca como tal porque los fabricantes desarrollan modelos globales para mercados globales y en Europa no creo que quieran eliminar algo que nos haga la vida más agradable.
Más allá del start-stop
Este movimiento forma parte de algo más grande y es que estamos hablando de una revisión completa de las políticas de emisiones en EE. UU. Si se relajan los objetivos, tecnologías como el start-stop pierden peso.
13 febrero, 2026
12 febrero, 2026
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