Audi ha dado un paso gigantesco hacia la fabricación del coches del futuro. La marca alemana está desplegando inteligencia artificial a gran escala en producción y logística, sustituyendo miles de ordenadores industriales por una nube central que controla robots, procesos y decisiones en tiempo real.
Desde Ingolstadt y Neckarsulm, Audi demuestra que la IA ya no es un experimento: es el nuevo cerebro de sus plantas.
Una nube que controla fábricas enteras
El pilar de esta transformación es Edge Cloud 4 Production (EC4P), una plataforma que conecta robots, máquinas y sistemas de automatización directamente a la nube. Gracias a ella, Audi ha eliminado más de 1.000 ordenadores industriales, reduciendo de esta forma costes de mantenimiento y aumentado la ciberseguridad.
En Neckarsulm, más de 100 robots trabajan coordinados con precisión de milisegundos, produciendo cientos de carrocerías al día en tres turnos. Un hito que, según la compañía, no tiene precedentes en la industria.
Robots, visión artificial y menos trabajo físico
La IA también está cambiando el trabajo humano. Sistemas como Weld Splatter Detection detectan defectos de soldadura y ahora los robots se encargan de las tareas más físicas, mientras que los empleados supervisan y optimizan procesos.
Uno de los avances más disruptivos es la automatización total del cableado del vehículo, una de las tareas menos robotizadas del sector. Audi ha logrado digitalizar todo el proceso, desde el proveedor hasta la instalación final.
La implantación masiva de inteligencia artificial en fábricas como las de Audi no implica la desaparición inmediata del trabajo humano, sino una transformación profunda de los roles. Desde ya mismo, las tareas repetitivas, físicamente exigentes y de bajo valor añadido serán asumidas por robots y sistemas autónomos, mientras que los trabajadores pasarán a funciones de supervisión, toma de decisiones, mantenimiento avanzado, análisis de datos y mejora continua de procesos.
Desafortunadamente, esto elevará el perfil profesional requerido por lo que la gente que carecía de conocimientos o estudios quede marginada en esta transformación. Este cambio dejará a muchos perfiles fuera pero también reducirá los riesgos ergonómicos.
Quien no pueda adaptarse a entornos digitales corren el riesgo de quedar desplazados. En este nuevo modelo industrial, el humano deja de ser “mano de obra” para convertirse en operador cognitivo y garante de calidad, ética y seguridad.
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