Jaguar ha decidido pegar un volantazo tan grande que ha mareado incluso a su propia red de concesionarios. La marca británica quiere borrar su pasado de un plumazo, olvidarse para siempre de los motores de combustión y reinventarse como una firma eléctrica de súper lujo, mirando de tú a tú a otras marcas que han hecho lo mismo. Suena ambicioso, incluso épico, pero puertas para dentro muchos se hacen la misma pregunta incómoda: ¿de verdad hay negocio?
La preocupación no es un rumor. Según el medio económico alemán Automobilwoche, un concesionario de Jaguar, hablando bajo el más estricto de los anonimatos, dijo sin rodeos que ahora mismo no existe un negocio claro para la marca. Han firmado su intención de seguir adelante, sí, pero nadie sabe si esa promesa se mantendrá cuando Jaguar enseñe de verdad sus cartas o mejor dicho, su mazo de cartas recién estrenado.
La idea de Jaguar es romper con todo. Nada de competir con BMW, nada de coches “premium accesibles”. El nuevo objetivo es jugar en la liga de Bentley con vehículos eléctricos exclusivos, caros y de producción limitada. El primer modelo de esta nueva etapa, inspirado en el Type 00 Concept, debía haberse presentado antes de finales del año pasado pero el calendario se alteró debido a importantes cambios en la empresa.
Andreas Everschneider, presidente de la asociación alemana de concesionarios Jaguar Land Rover, intenta ver el vaso medio lleno. Habla de una oportunidad, de un nuevo comienzo. Pero incluso en su discurso hay un “pero” bastante grande: nadie sabe cuántos clientes está dispuestos a pagar por la “nueva Jaguar”.
Esa misma incógnita la resume Salvatore Colangelo, directivo de Glinicke British Cars. Los nuevos modelos le parecen espectaculares en diseño, marca y tecnología, pero lo cierto es que parece que Jaguar está apostando todo a un cliente que todavía no existe del todo o, al menos, no ha dado señales claras de estar dispuesto a comprar su producto.
Para rizar el rizo, el nuevo Jaguar podría llegar el mercado únicamente mediante la modalidad de leasing. Esta maniobra permitiría a la marca controlar el mercado de segunda mano y evitar que sus eléctricos perdieran valor demasiado rápido. La obsesión es clara: mantener exclusividad y precios altos a toda costa.
La producción también deja claro que Jaguar no quiere volumen. Se habla de unas 10.000 unidades al año, una cifra que la coloca más cerca de Bentley que de sus antiguos rivales alemanes y a años luz de las casi 200.000 unidades que comercializaban anualmente hasta hace unos pocos años.
Lo que cada vez parece estar más claro es que si Jaguar falla esta vez, ya no habrá plan B.
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