Hay noticias que, aunque se entienden desde el punto de vista empresarial, duelen. Y la salida del Tesla Model S y del Model X del catálogo es una de ellas. Dos modelos que no solo fueron los buques insignia de la marca, sino también símbolos de una revolución eléctrica que cambió la industria del automóvil para siempre, se despiden sin reemplazo directo y casi en silencio, empujados por una realidad incontestable: ya no se vendían.
Tesla ha confirmado que dejará de producir ambos modelos para centrar sus recursos en nuevas áreas estratégicas como la inteligencia artificial y la robótica. La decisión llega en un momento delicado para la compañía, que en 2025 ha registrado por primera vez en su historia una caída de ventas globales y una reducción de ingresos, pasando de 98.000 millones de dólares en 2024 a 95.000 millones el año pasado.
Pero más allá de la macroeconomía, hay un problema mucho más terrenal: el mercado ha dejado atrás al Model S y al Model X.
Ambos modelos llevan muchos años entre nosotros. El Model S debutó en 2012 y el Model X en 2015. En su momento fueron coches adelantados a su tiempo, con una tecnología, unas prestaciones y una autonomía que dejaban en evidencia a cualquier rival. Sin embargo, el paso de los años no perdona, y menos en un sector que avanza tan rápido como el del coche eléctrico.
A eso se suma un factor clave: el precio. Lejos de abaratarse o posicionarse como opciones “premium maduras”, el Model S y el Model X no han dejado de encarecerse con el paso del tiempo. El resultado ha sido una desconexión total con el grueso del mercado.
Los datos del Model S y el Model X en Europa y España eran un drama
Los datos de España en 2025 son especialmente reveladores. Mientras Tesla sigue teniendo dos superventas claros, el Model 3 y el Model Y, los números de sus gamas altas son prácticamente testimoniales:
Tesla Model 3: 9.947 unidades matriculadas
Tesla Model Y: 6.005 unidades matriculadas
Son cifras sólidas, incluso en un contexto complicado. Eso sí, el Model 3 cayó un 9,92% respecto a 2024, mientras que el Model Y creció un 9,28%, consolidándose como el pilar de la marca.
Ahora viene el contraste brutal:
Tesla Model S: 21 unidades vendidas en todo el año
Tesla Model X: 32 unidades vendidas
No hablamos de una caída suave, sino de un auténtico desplome. El Model S se hundió un 65% y el Model X un 60,98% respecto al año anterior. Son cifras que hacen imposible justificar su continuidad, por muy míticos que sean.
Y ahí está el drama. Porque siempre da pena ver desaparecer modelos históricos, especialmente cuando no hay un relevo generacional claro. Tesla no lanzará un “nuevo Model S” ni un “nuevo Model X” adaptados a los tiempos actuales. Simplemente desaparecen. Se cierra una etapa.
En Europa y en España el impacto es más emocional que práctico, ya que ambos modelos llevaban años fuera de catálogo en versión con volante a la derecha para el Reino Unido que era su principal mercado y su presencia en el resto de países era residual. Aun así, simbolizan algo importante, Tesla deja de apostar por grandes berlinas y SUV de lujo para centrarse casi exclusivamente en modelos de volumen… y en proyectos que ya no tienen ruedas.
De hecho, la fábrica de California que producía el Model S y el Model X pasará a fabricar el robot humanoide Optimus, una muestra clara de hacia dónde quiere mirar la compañía de Elon Musk: menos coches icónicos y más tecnología disruptiva, aunque todavía lejana para el gran público.
El Model S y el Model X se van como vivieron, siendo diferentes. Fueron pioneros, marcaron un antes y un después y ayudaron a que el coche eléctrico dejara de ser una rareza. Pero el mercado ha hablado, y esta vez lo ha hecho con números demasiado bajos como para ignorarlos.
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