El Bugatti Veyron cambió las reglas del juego y no sólo representó el renacer de la marca bajo el paraguas del Grupo Volkswagen sino que además, abrió la veda de lo que hoy conocemos como hipercoches de alto lujo.
Esta semana la marca nos ha presentado el Bugatti F.K.P. Hommage, un coche único, exagerado, técnicamente obsceno y emocionalmente cargado, creado para rendir tributo a Ferdinand Karl Piëch, el tipo que miraba lo imposible y pensaba: “sí, pero ¿por qué no?”.
Este no es solo otro Bugatti especial. Es el Veyron que siempre quiso existir, pero que necesitó 20 años de evolución técnica para hacerse realidad.
Todo empezó en un tren bala
La historia del Veyron no nace en Molsheim, sino en Japón. En un tren bala. Literalmente. Fue allí donde Piëch dibujó en una libreta la idea de un motor con arquitectura W, una rareza mecánica que acabaría convirtiéndose en el corazón de Bugatti.
Para entonces, Piëch ya había jugado con fuego: VR6 en el Golf, W8 en el Passat, W12 en Bentley… y luego llegó el W16, el jefe final de los motores de combustión. Cuatro turbos, 16 cilindros y una disposición tan compacta que parece un truco de magia.
Gracias a esa genialidad, el W16 mide solo 645 mm de largo, permitiendo que el Veyron tenga una batalla más corta que muchos deportivos normales. El resultado: un coche que podía ir a 400 km/h sin intentar matarte en cada curva. Una bestia pero educada.
La visión: 1.000 CV, 400 km/h y traje de gala
La obsesión de Piëch era clara: 1.000 CV, 400 km/h, tracción total y lujo absoluto. Un coche capaz de pulverizar récords por la mañana y plantarse en la ópera por la noche sin despeinarse.
Diseñado por Jozef Kabaň, bajo la batuta de Hartmut Warkuß, el Veyron apostó por una estética limpia, casi Bauhaus. Y lo mejor es que, 20 años después, sigue pareciendo moderno.
El F.K.P. Hommage monta lo más bestia que Bugatti ha creado jamás: el W16 de 1.600 CV del Chiron Super Sport, el mismo del récord de velocidad.
Visualmente, el coche sigue siendo un Veyron… hasta que te acercas. Todo está retocado. Todo tiene más intención. La parrilla en forma de herradura, ahora tridimensional y mecanizada en aluminio macizo, se integra mejor en la carrocería. Las tomas de aire crecen porque el motor lo exige, no porque quede bonito.
Las llantas pasan a 20 pulgadas delante y 21 detrás, los neumáticos son Michelin de última hornada y el equilibrio visual mejora sin perder identidad.
La pintura es otro nivel y es que hablamos de una base plateada de aluminio con un barniz rojo translúcido que crea un efecto espectacular. La fibra de carbono no va pintada de negro, va tintada, con pigmento en el lacado.
Dentro no hay Chiron, hay otra cosa
El interior del F.K.P. Hommage no se parece a ningún otro Bugatti reciente. El volante circular, claramente inspirado en el Veyron original. La consola central y el túnel están mecanizados en aluminio y los nuevos tejidos Car Couture, hechos en París, sustituyen al clásico cuero.
Y luego está la locura máxima: un Audemars Piguet Royal Oak Tourbillon integrado en el salpicadero. No es decorativo. Funciona. Se carga solo con el movimiento del coche, sin cables, sin electricidad. Ingeniería pura.
Presentación en París
El Bugatti F.K.P. Hommage se presentará en Rétromobile París, del 29 de enero al 1 de febrero de 2026, en el Ultimate Supercar Garage. El sitio perfecto para un coche que no es solo un homenaje, sino el Veyron definitivo.
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